La Secretaria I-III
Misato Psy
Agitaba su pie en el suelo, no por los nervios de estar allí sentada, sino por la ira que le producía el recordar lo que le habían hecho sus hermanas y el pensar que podrían estar haciendo con su gimnasio, pues ella bien sabía que ninguna de las tres mayores de la familia podían manejar el lugar tan profesionalmente como ella. La oficina en la que se encontraba era su primera opción de tantas otras que había pensado para solicitar trabajo, no se preocupaba conseguir realmente empleo en ese lugar, ni en cualquiera de los otros, el único que a Misty le gustaba había sido injustamente arrebatado y, en ese momento, no podía pensar en ninguna otra alternativa igual o mejor a la de estar a cargo de un gimnasio.
-¿Puedo ofrecerle un café? - Preguntó amablemente la mujer sentada tras un largo escritorio de madera oscura repleto de carpetas y papeles prolijamente ordenados sobre la extensa superficie. Misty le sonrió con cortesía y negó levemente con la cabeza.
-No. se lo agradezco. -
La secretaria volvió su atención al monitor de su computadora, luego de la respuesta. La líder de Gimnasio observó mejor el lugar, no había tenido tantas oportunidades de entrar a esa oficina y esa era la primera vez que se permitió observar los detalles que tenía dentro. Era amplia, elegantemente decorada y al parecer cómoda para trabajar, el ambiente olía a perfume de ambientes, el aire acondicionado contrastaba notablemente con el calor infernal de afuera, y desde algún lugar sonaba suavemente una melodía conocida que rompía con el monótono sonido del tipeo en la computadora. No pudo evitar pensar que el trabajo de aquella mujer debía ser bastante sencillo, después de todo, ¿Qué tan difícil podía ser ofrecer café a quienes visitan la oficina?¿Tipiar en la PC aquello que está escrito en papel?¿Atender un teléfono? Sonrió, definitivamente no le molestaría en lo absoluto un trabajo tan cómodo, sencillo y relajado como el de secretaria.
-El presidente puede atenderla ahora. - Anunció la mujer con la misma amabilidad con la que le ofreciera café anteriormente y se levantó de su puesto. Misty asintió con la cabeza y siguió a la mujer por una enorme puerta de madera al interior de la oficina del presidente. Dentro, el anciano, levantó la cabeza de sus unos papeles y sonrió levemente.
-Claire, ¿Has terminado el balance que te pedí? -
-Aún no, señor. Lo tendré listo en media hora. -
-Bien. - El hombre se levantó de la silla y extendió su mano a la líder de gimnasio, mientras la secretaria se retiraba cerrando la puerta tras ella. -Señorita Waterflower, es un gusto volver a verla. -
-El gusto es mío, señor. -
-Por favor, toma asiento. -
-Gracias. -
-Dime. ¿Sucede algo con el gimnasio? - Misty se sintió algo apenada al ver la preocupación del presidente y ladeó la cabeza, desviando su mirada de él hacia un aparador.
-No exactamente. - Hizo una pausa, sintiendo la mirada intensa del anciano sobre ella. -Mis hermanas han decidido que se harán cargo del gimnasio. - Volvió sus ojos al hombre que esperaba atento a que continuara. -Yo... estoy buscando un nuevo empleo. -
-Sabes que las cuatro juntas pueden encargarse del gimnasio. El de Ciudad Celeste siempre estuvo a cargo de tu familia. -
-Lo sé. - Replicó Misty. -Pero... Mis hermanas y yo... Prefiero independizarme de ellas. - Sus palabras no resultaron muy convincentes, el Presidente la miró extrañado, pero no le discutió.
-Lo lamento, pero no puedo ofrecerte ningún puesto en un gimnasio, en este momento están todos cubiertos. -
-Lo sé. No esperaba que pudiera trabajar en otro.-
-Entonces, dime, ¿Qué tipo de empleo tienes planeado tomar? -
-Por ahora el que esté disponible. -
Durante largos minutos el anciano permaneció observándola detenidamente, Misty comenzaba a preguntarse si había sido una buena idea recurrir a la Liga como primera opción, pero sus dudas de desvanecieron cunado una sonrisa cruzó el rostro del presidente,
-¿Cualquier empleo? -
-Sí, por el momento lo único que me interesa es ocupar mi tiempo y ahorrar algo de dinero. - El hombre rió complacido y se acomodó mejor en su silla.
-Tengo una vacante disponible, pero te advierto que no es un trabajo fácil. -
-¿De verdad? - Preguntó ansiosa, sonriendo con ilusión -No importa que tan difícil sea, podré adaptarme a cualquier cosa que haya que hacer. -
-Muy bien. - Él presionó un botón en el teléfono, desviando su atención de Misty. Aún tenía su sonrisa dibujada en sus facciones arrugadas, mientras la mujer frente a él estrujaba el extremo de su remera blanca nerviosa.
-Claire. Avísale a Ketchum que quiero verlo ahora mismo en mi oficina. -
-Sí, señor. -
-¿Ketchum? -
-Para este trabajo tendré que pedirte que... - Hizo una pausa, indicando vagamente con su mano algo que ella no entendió. Incómodo el hombre se volvió a mover en el sillón y miró sus papeles distante. Luego volvió a mirarla, Misty esperaba que continuara con una expresión que mezclaba confusión con preocupación. -...Que... vistas de otra manera... -
-¿A que se refiere? -
-Es distinto a trabajar en un gimnasio... Necesitas verte elegante. -
-Señor... ¿Cuál es el trabajo que me ofrece? - En lugar de contestar volvió a sonreír. La ansiedad se había esfumado de las expresiones de la mujer, en su lugar continuaba instalada la confusión y la preocupación.
-Por este puesto han pasado seis jovencitas en lo que va del año, ninguna pudo afrontar la presión que exige este tipo de empleo. -
-Señor... ¿Qué...? -
-Creo tú si tienes el carácter que se necesita. -
-¿Qué pasó con ellas?¿Las despidieron? -
-No, claro que no. renunciaron. -
Diversas imágenes cruzaron la mente de la joven asustándola; seis renuncias en tan poco tiempo... Comenzó a dudar de su decisión, quizás no estaba dispuesta a tomar “cualquier empleo” después de todo. No tuvo tiempo de pensarlo por más tiempo o insistir en preguntar de que se trataba la ocupación, el intercomunicador volvió a sonar y la voz delicada de Claire interrumpió cualquier pregunta que quisiera hacer.
-Presidente el señor Ketchum está aquí. -
-Bien, hágalo pasar. -