Penumbras (One Shot!)
Misato Psy
Prefiero dejarte a que tú me abandones…
Una brisa fresca y gentil entraba por el amplio ventanal semi-abierto, moviendo con gracia las delicadas cortinas blancas. La luz de la luna, tenue y sutil, iluminaba a penas un sector de la habitación. El resto se hundía en la penumbra nocturna.
Sin embargo, a ella la luz le alcanzaba. Recostada de lado, sobre el cómodo colchón, de frente al rostro de su amigo, compañero y, por la última noche, amante. Sus piernas delgadas enroscadas entre las de él, su cintura atrapada por sus fuertes brazos, su mirada fija y constante en cada detalle de sus facciones.
-Te amo… -
Susurró en un suspiro herido. Deslizó sus dedos por el masculino torso desnudo, hasta que sus palmas ocuparon sus mejillas, se mordió el labio inferior, sintiendo sus ojos arder inundados de lágrimas.
-No olvides eso, Ash… -
Lentamente movió sus piernas, cuidadosamente, con cautela, sin desviar ni un instante su mirada de aquel par de ojos aún cerrados. Al liberarse del anterior enredo, sintió sus músculos pesados, cansados y débiles; lo ignoró. Se concentró en intentar liberarse de sus brazos tan aferrados a su cuerpo. La acción no era fácil, no solo por el persistente hombre que aún dormido no cedía a dejarla, sino por su propia resistencia a abandonar tan magnética posición.
-No te vayas… -
Murmuró él entre sueños. Ella se sobresaltó al escuchar su voz, algo ronca, pero tan clara. Al pasar los segundos, sin que de él se oyera otro sonido, Misty volvió a relajarse e intentar salir de aquel ambiente que hacía solo unas horas la había hecho tan feliz.
Con la misma moderación que antes, retomó sus intentos deshaciéndose de la cálida sensación del abrazo, que le daba tanto amor como protección y asomándose así al frío cruel de la soledad.
Sin el contacto con Ash, la habitación le parecido desagradable, vacía. Decidió no volver a mirarlo, por miedo a aferrarse a él desesperada por no dejarlo.
Porque muy dentro de sí ella no deseaba dejarlo. Quería permanecer a su lado sin importar lo que pasara…
-Pero no puedo. - Se recordó, irguiendo la cabeza y cerrando sus ojos claros. –No soportaría su abandono. –
Sus pequeños pies descalzos tocaron la suave alfombra de la habitación. Ella todavía mantenía sus ojos cerrados, mientras en su cabeza continuaba convenciéndose de su decisión. Finalmente logró levantarse de la cama, observó el suelo y las prendas esparcidas por los rincones. Una sonrisa triste adornó sus facciones pálidas; cada una de sus ropas representaba un instante de desgarradora pasión que ambos amantes compartieron. Trató de ignorar los recuerdos frescos que inundaron su mente, pero a pesar de sus intentos, su cuerpo continuaba reaccionando a la simple memoria de los besos y caricias de Ash, su piel se estremecía y sus extremidades temblaban de ansiedad, sus labios ardían, al igual que sus mejillas y sus ojos buscaron hambrientos a quien produjera todas aquellas placenteras sensaciones. Le sonrió otra vez, la atracción hacia él era demasiado poderosa.
Movió la cabeza con violencia y continuó buscando sus pertenencias en la habitación. Una vez recogidas todas, comenzó a vestirse. Lágrimas de fuego caían libre y silenciosamente sobre sus prendas, aún así, con la visión nublada, continuó su tortuosa tarea decidida.
Podía sentir el frío de la noche entrar por la abertura del ventanal, la penumbra reinante acompañaba su semblante ensombrecido y el roce de sus ropas deslizándose sobre su piel, era el único sonido que rompía el silencio. La tensión la ahogaba, la angustia presionaba su pecho y parte de arrepentimiento, endurecía su estómago como una roca.
-Te quiero, Misty… -
-Te amo tanto… -
-Te necesito… -
-Me encantas… -
Ash había sido tan demostrativo y cariñoso con ella que costaba creer que aquellas fuesen palabras suyas, pero todas ellas fueron pronunciadas en un momento cumbre de fuego y pasión. Misty no creía ninguna, escucharlas le habían herido el alma, en su interior hubiera preferido el silencio, suponer que él sentía todo aquello, engañarse a sí misma. Pero no la mentira. No el juego cruel con las emociones.
En esa duda radicaba su decisión. Tenía tanto miedo a salir lastimada que no le importaba el quemante dolor de dejarlo.
-Prefiero dejarte a que tú me abandones… -
Esa convicción de ser abandonada, olvidada por el flamante Maestro fue la impulsora de su pequeño ardid. Invirtió los papeles de su suposición, lo sedujo toda la noche, se entregó por completo a su piel y al culminar la velada, acompañada por los primeros rayos de sol, dejaría la huella de su cuerpo en sus sábanas y él jamás sabría algo más de ella.
Terminó de abotonar su camisa y comenzó su marcha a la puerta, sin dudarlo, ni vacilar, su mano firme se posó sobre el picaporte dorado…
-¿Misty? ¿A dónde vas? –
La voz somniolenta de Ash, áspera de cansancio, la paralizó en su lugar. No volteó, pero retiró su mano de la puerta dubitativamente. -¿Misty? – Escuchó como él se movía entre las sábanas, seguramente sentándose en el colchón. Sentía sus ojos oscuros observarla con confusión y curiosidad -¿Qué ocurre? –
-Nada, Ash. – Forzó una sonrisa, pero no se atrevió a mirarlo. –Solo voy… voy a caminar… -
-¿A esta hora? –
-Sí, necesito un poco de aire. –
-Podemos abrir más la ventana. – Sugirió inocentemente. Misty dejó caer otra lágrima y negó con la cabeza.
-No, no Ash. Necesito caminar. –
-Entonces espérame, vamos juntos. –
-No. Necesito ir sola. –
El sonido de las sábanas apartarse, la tomó desprevenida. Volteó para, finalmente, mirarlo, pero se vio imprevistamente atrapada entre los fuertes brazos de su amante.
-No te vayas. – Murmuró, hundiendo su nariz entre los mechones de su cabello. Ella no supo que contestarle, ni tampoco pudo hacerlo, Ash la apartó levemente y selló sus labios con un beso desesperado que comenzó a escalar intensidad en pocos segundos.
Sintiendo su cuerpo rendirse a las caricias adictivas de la boca de Ash, intentó resistirse a la poderosa tentación de entregarse una vez más a él. Pero sus fuerzas se debilitaban al tiempo que los besos eran acompañados por caricias posesivas en su cintura y su cuerpo era transportado ligeramente hacia la cama.
-Ash… - Se quejó en un gemido de indefinida intención. Apoyó sus manos en el pecho desnudo de él, solo que en lugar de empujarlo (como era su propósito inicial), deslizó sus brazos alrededor de su cuello, refugiando sus delgados dedos entre los sedosos mechones de cabello negro.
Los sucesos nocturnos volvieron a repetirse con igual fervor que solo unas horas atrás. La idea de huir se disolvió de sus pensamientos, enfocándose solo en las sensaciones y respuestas de sus cuerpos.
Al abrir nuevamente los ojos, encontró que no solo la brisa se colaba por la ventana; radiantes rayos de sol habían consumido la penumbra de la noche. La habitación, pintada de colores claros, volvió a adornarse con las prendas esparcidas en el suelo. La tristeza se apoderó de su pecho una vez más, al recordar su decisión que aún no había realizado. Lentamente volteó en su lugar, para mirar por última vez el rostro de su acompañante, quien no se atrevió a cerrar los ojos cuando ella se hubo dormido durante la madrugada; Ash la observaba atentamente, con el semblante serio y una mueca triste en sus labios.
-No te será sencillo. – Sentenció el, con un tono grave.
-¿Sencillo? – Inquirió ella extrañada.
Los brazos de Ash, que rodeaban su espalda con firmeza, atrajeron su cuerpo a su pecho, tan fuertemente que parecía que su intención fuese fundirse con ella. Se miraron fijamente a los ojos, Misty sabía que sus dudas y miedos se reconocían con facilidad en su mirada, como así también la preocupación y confusión en la del Maestro.
-No permitiré que me dejes. –
FIN (Sip, tengo la maldad de terminar así una historia)