Bajo el Mismo Cielo V-III
* Misato Psy
Huyó del departamento, como si dentro se hubiera desatado la
peor de las guerras. Subió a su automóvil, cerró la puerta con fuerza y se
sentó frente al volante, aferrándose al cuero de su asiento con las uñas clavadas
en él. No podía escapar de la batalla, no cuando ésta lo iba a perseguir
internamente por una buena cantidad de horas.
Se miró en el espejo retrovisor, su cabello mojado era un
completo desastre (al menos tuvo la precaución de bañarse, no así la de
secarse) trató de ordenar con sus dedos el desorden de mechones negros que
caían sobre su frente, sin demasiado éxito. Su ropa tampoco se veía decente,
por el contrario, su cuerpo húmedo con ayuda de su cabello se encargaban de
mojar la fina tela de su traje y su desenfrenada marcha hasta el
estacionamiento ayudó a que, además, se arrugara. Suspiró enfadado y
pesadamente apoyó su mano sobre la palanca de cambios...
-No sé porque dejo que me afecte tanto... - Murmuró para sí. Poniendo el
cambio, apretó el acelerador y salió del estacionamiento velozmente.
El aire fresco que entraba por la venta le ayudó a
despejarse un poco. Negaba con la cabeza, sonriendo despectivamente al analizar
su actitud, sus emociones confusas que despertaron un torbellino furioso en su
pecho.
-Es ridículo! - Exclamó, golpeando el borde de la ventana. -He conocido más
mujeres de las que podría contar, todas ellas mucho más hermosas que Misty.
Nunca me he sentido tan nervioso por tocar a alguna mujer. - Río y se masajeó
la sien con su mano libre. -Será por eso que me sentí así? Tan fea será que me
da nervios tocarla? - No podía estar más errado y muy dentro de sí sabía muy
bien que su reacción significaba todo lo contrario, pero para ese momento la
explicación le fue suficiente para llegar a su conferencia.
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Misty tenía una reacción muy similar a la de Ash. No podía
admitir que el mínimo contacto con él había despertado en su interior
sentimientos que para ella debían estar olvidados y superados, muy por el contrario,
ese sentimiento que de pequeña la perseguía continuamente, ahora volvía a
despertarse y exigía ser reconocido.
Caminaba por la casa, dando vueltas al rededor de los
muebles nuevos; el departamento ya no emanaba la tristeza y soledad que reinaban
antes, ahora se sentía cómodo y cálido. Se dejó caer sobre el sillón de dos
cuerpos y por un instante olvidó su problema emocional para pensar en todo lo
que habían hecho en tan poco tiempo; comprendió que su llegada había cambiado
bastante la rutina vacía del Maestro y de una forma muy peculiar, Ash había
admitido que eran cambios positivos y estaba agradecido...
-Misty, tienes prohibido seguir pensando en eso! - Se exigió demandantemente,
sintiendo que sus mejillas volvían a sonrojarse y su pecho se sentía liviano,
entregado a un sentimiento NO permitido. -Ash es un mujeriego y tu no querrás
ser una de sus juguetitos. - Sabía que debía pensar en un NO, sabía que
necesitaba contestarse a eso, pero ni en su mente, ni en su boca encontró una
negación para la frase; fue un segundo, fue un mínimo contacto, fueron unas
pocas palabras... solo eso bastó para que Ash Ketchum demostrara porque todas
las mujeres lo aman... porque ella podría volver a amarlo...
-No! Definitivamente, NO! - Exclamó al fin, cerrando los ojos y presionando sus
puños. -Estoy confundida, es solo eso. - Sonrió falsamente y se levantó.
-¿Pi? – Miró sobre su hombro al escuchar la tímida vocecita, Pikachu se asomaba tímidamente, desde el ventanal y la miraba preocupado.
-Ah, Pikachu, creí que te habías ido con Ash.- El pequeño pokémon, avanzó hasta ella con sus orejas bajas y sus pasos cortos. –No me digas que... ¿Se olvidó de llevarte? –
-Pikachu. – Afirmó el roedor amarillo, tristemente.
-Ash tenía prisa, se le hizo muy tarde. – Tomó a su amiguito en brazos, sonriéndole comprensivamente. –Yo le dije que se fuera, pero como siempre, no me hizo caso. – Los ojos negros del pokémon la miraban fijamente, como pidiéndole algo, Misty asintió con la cabeza aún sonriente y le acarició en medio de las orejas. –No te preocupes, amigo. Te llevaré con Ash. – Pikachu exclamó felizmente y se abrazó a Misty complacido. La Líder de Gimnasio hubiera preferido no tener que ir a la convención, no quería volver a ver a su amigo hasta la noche, cuando toda la confusión se le hubiera borrado de la mente, pero no pudo resistir la expresión desanimada del pequeño pokémon.
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