Se despertó de muy mal humor. La noche había sido demasiado decepcionante, aunque ya estaba acostumbrada a desilusionarse con Ash, sus plantones constantes le afectaban demasiado en las mañanas. Se miró al espejo del baño, el maquillaje corrido, pues no había tenido ni ganas de limpiárselo, ojeras y bolsas pronunciadas, el cabello enmarañado, con mechones rojos cayendo alborotados por el contorno de su rostro y una expresión de dolor mezclada de furia que hubiera asustado a cualquiera… a cualquiera menos a su querida amiga, quien estaba ya tan acostumbrada como ella a esa clase de despertares…
-Buenos días, Misty! – Le gritaron desde la cocina. No contestó, solo emitió un pequeño rugido que a penas se escuchó ella misma y comenzó a cepillarse los dientes, cerrando los ojos para no verse en tal decadente estado.
Al terminar de asearse y acomodarse con los dedos el cabello, caminó arrastrando sus pies hasta la cocina. Duplica le sonrió de lado, expresión que le brindaba cada mañana y bebió un sorbo pequeño de su café con leche. La imitadora ya estaba lista para salir a trabajar, Misty tenía la fortuna del día libre y planeaba quedarse con su pijama y pantuflas por el resto de la mañana (y muy probablemente la tarde)
-Oye, Ash vino ayer. – Comentó alegremente su amiga. La Líder la miró de soslayo fríamente y se sirvió una taza grande de café.
-Demasiado tarde.- Sentenció, dejando la cafetera en su lugar y ubicándose en la mesa junto a su amiga.
-Sí, pero al menos vino. – Misty bebió un sorbo y dejó la taza sobre la mesa, con sus dos manos aún agarrándola. Por su rostro cruzó una expresión de profundo dolor que duró solo un segundo, pero que para alguien que la conocía tanto como Duplica era fácil de percibir.
-Hay veces que no me es suficiente que solo lo intente… - Bebió otro sorbo. –Tal vez todo esto sea… -
-No te atrevas a decir que es un error. –
-Últimamente no tengo otra opción. –
Permanecieron en silencio por largos minutos. Ash era indefendible, si bien Duplica entendía las obligaciones que lo perseguían y conocía los deseos del Maestro por complacer a su novia, Misty tenía razón: intentarlo no siempre es suficiente. La Líder suspiró amargamente y levantó la mirada, sobre la mesada, junto al lavado se encontraba el medio ramo de rosas rojas que Ash le había comprado; a comparación de otras veces, las flores no la conmovieron, las miró fijamente y luego bajó la cabeza para beber un trago largo de café.
-Son hermosas, ¿verdad? – Preguntó Duplica conciliadoramente. Misty la miró alzando una ceja.
-¿Por qué son cinco? –
-Eh…? –
-Un ramo con cinco rosas, ¿Por qué? –
-No lo sé. Deberías preguntárselo a él. – Sonrió tímidamente, su amiga le respondió de igual forma, pero con distinta intención.
-Seguramente las descuidó y rompió el resto. Ni siquiera puede cuidar los regalos que pretende darme. – Bajó la mirada al líquido negro que se mecía dentro de la taza. -¿Cómo va a cuidarme a mí? –
-Misty… Ash te ama y tu lo sabes. –
-Saberlo no es sentirlo, amiga. – Se echó hacia atrás, contra el respaldo de su asiento y miró con rechazo el ramo –No me siento amada. –
El timbre interrumpió la conversación abruptamente. La líder de gimnasio le hizo un gesto a su amiga para que permaneciera en su lugar y se levantó con desgano. Arrastrando aún sus pies, se dirigió hasta la puerta y espió por la mirilla sin encontrar a nadie frente a la puerta.
-¿Sí?¿Quién es? –
Como era de esperarse, del otro lado no le contestaron. Abrió solo un poco la puerta, encontrando que no había nadie en el pasillo. Gruñó por lo bajo molesta por que la hayan obligado a levantarse sin razón, pero al bajar la mirada se encontró con una hermosa rosa blanca sobre la alfombra de la puerta. Abrió lo suficiente para poder tomar la flor y mirando a ambos lados del pasillo se encontró con que no había nadie allí.
Miró la rosa curiosamente. No era de las que Ash había comprado, primero su color era distinto, segundo, era una flor demasiado bella, su novio acostumbraba comprar las primeras que veía. Una cinta delgada color rosa muy claro sujetaba a su tallo perfecto una delicada tarjetita escrita con letras doradas, en su frente decía solo “Misty” y al voltearla una sola palabra que arrancó una sonrisa de su rostro amargado “Hermosa”
-¿Misty? ¿Quién es? – Gritó Duplica desde la cocina. La Líder estaba demasiado inmersa en la misteriosa rosa que no delataba remitente, la idea remota que fuera Ash quien la hubiera dejado revoloteaba en lo profundo de su mente, pero concientemente sabía que él jamás haría algo tan original y romántico como eso.
-¿Misty? – Al escuchar que su amiga se acercaba, dio media vuelta, exhibiendo con alegría el regalo, sonriendo soñadoramente, como hacía tanto que no se le veía sonreír. -¿Y eso? –
-Estaba en la puerta. – Extendió al rosa a la imitadora, quien sonrió alegre y la tomó con cuidado. Leyó la tarjeta y miró a su amiga.
-¿Crees que fue…?-
-No, no es de Ash. –
-¿Entonces?¿Quién la trajo? –
-No lo sé. Cuando abrí la puerta es lo único que había fuera. –
-Entonces sí puede ser de Ash. –
-No. – Misty le quitó la flor delicadamente y la analizó observándola con los ojos brillosos de ilusión. –Él no es capaz de hacer algo así, ni aunque se lo pidiera. – Duplica la miró confundida, torciendo la cabeza hacia un lado. Misty sonrió con orgullo e irguiéndose elegantemente se abrió camino de vuelta a la cocina, esta vez dando estilizados pasos largos y serenos. –Duplica, creo que tengo un admirador. –